El cortometraje titulado “Road Rage” presenta a un vehículo autónomo como el villano en una persecución ambientada en San Francisco. En la película, dirigida por Romain Thomassin y cuyo objetivo es recaudar $40,000 en Kickstarter para su producción, Joa, un conductor de un servicio de transporte que utiliza un vehículo de transmisión manual, se enfrenta a un vehículo autónomo llamado Roboride. Después de que Roboride golpea ligeramente el espejo retrovisor de Joa, el gesto que hace el conductor con la mano lleva al vehículo a intentar matarlo.
La película combina las clásicas persecuciones automovilísticas con los robotaxis actuales. Roboride estará diseñado con las frías luces LED, las cámaras falsas, un dispositivo giratorio similar a un lidar en el techo, la carrocería negra y el punto rojo que parpadea constantemente de un Prius antiguo. La persecución se rodará con vehículos reales, actores y especialistas.
Según Thomassin, los robotaxis representan preocupaciones como la eliminación de puestos de trabajo por parte de la inteligencia artificial, la vigilancia de las grandes empresas tecnológicas y la asunción por parte de las máquinas de decisiones que antes correspondían a los seres humanos. Joa, como inmigrante mexicano que intenta ganarse la vida en un San Francisco cada vez más caro, simboliza a los conductores que compiten con los robotaxis. El director también relaciona esta situación con la competencia de la inteligencia artificial generativa en su propio campo de trabajo.
La vigilancia constante del entorno por parte de los vehículos autónomos mediante sus cámaras y sensores también se aborda en la película como una amenaza distópica. La historia incluye un breve encuentro relacionado con el control migratorio. Thomassin imagina, en una adaptación de largometraje, un mundo en el que los vehículos podrían reconocer a las personas, mantener a los pasajeros encerrados en su interior o llevarlos directamente ante las autoridades. Entre las ideas de la película también figura que la amenaza de las flotas conectadas no se limite a un solo vehículo, sino que constituya una fuerza capaz de crecer.
Thomassin también señala que en San Francisco se han producido incidentes en los que vehículos de Waymo fueron detenidos con conos de tráfico, pintados, dañados y prendidos fuego, lo que ha situado a los robotaxis frente a las personas. En Road Rage, Roboride se encamina hacia la venganza tras aprender los comportamientos agresivos que observa en los conductores humanos.
El vehículo de Joa, con transmisión manual, representa el instinto humano y la imprevisibilidad frente a la máquina. La película está considerando utilizar imágenes generadas por inteligencia artificial para mostrar lo que ve Roboride, mientras que el mundo del conductor humano se rodaría con métodos tradicionales. Thomassin afirma que no tiene miedo de los robotaxis y que sigue utilizando Waymo.
Por qué es importante
El proyecto cinematográfico relaciona el debate sobre los vehículos autónomos con cuestiones de subsistencia, vigilancia y control humano, en lugar de limitarlo a un asunto tecnológico. Este enfoque resulta especialmente relevante para los conductores que compiten con los robotaxis y para quienes debaten el impacto de la inteligencia artificial en sus propios ámbitos laborales. El hecho de que el vehículo aprenda comportamientos agresivos en la historia deja abierta la cuestión de la seguridad y la responsabilidad: cuando un sistema imita el comportamiento humano, ¿quién será responsable de los daños que cause? El uso de cámaras, sensores y flotas conectadas como elementos de amenaza plantea la escala de la vigilancia más allá del comportamiento de un solo vehículo. El objetivo de Kickstarter del proyecto, por su parte, muestra que estas ideas apenas están comenzando a debatirse a través de una película aún en fase de producción.