Hace 66 millones de años vivió Scotty, el fósil conocido del T-Rex más grande del mundo, y en una de sus costillas fracturadas se encontró una red de vasos sanguíneos mineralizada. La costilla se fracturó cuando el animal estaba vivo; el cuerpo formó nuevos vasos para repararla, pero el dinosaurio murió antes de que el hueso se curara por completo. Es posible que su enterramiento en un pantano salado ayudara a preservar los vasos al ralentizar la descomposición. Los investigadores combinaron imágenes de neutrones y rayos X sin cortar, perforar ni dañar el fósil. Los rayos X mostraron el hueso denso, mientras que los neutrones mostraron el hidrógeno y los tejidos blandos; de este modo, la red de vasos sanguíneos pudo visualizarse en 3D. La técnica puede utilizarse para comparar lesiones y procesos de curación en otros fósiles y para examinar fósiles en museos sin dañarlos.
Por qué es importante
Este estudio demuestra que los paleontólogos pueden seguir el rastro de diferentes estructuras dentro de los huesos sin recurrir a intervenciones como cortar o perforar los fósiles. El uso conjunto de la obtención de imágenes mediante rayos X y neutrones permite combinar, en un mismo examen, la información sobre el hueso denso, el hidrógeno y los tejidos blandos; esto podría facilitar comparaciones más detalladas de los procesos de curación dentro de los fósiles. El enfoque es especialmente importante para los ejemplares de las colecciones de los museos que podrían resultar dañados por una intervención física. Sin embargo, aún no está claro hasta qué punto son comunes las huellas de vasos sanguíneos, si las lesiones de otros fósiles también se conservaron de manera similar y en qué medida este hallazgo puede generalizarse a los procesos de curación de los dinosaurios.