La novela “Bana Tahir’i Sormayın”, de Celal Güngördü, publicada la semana pasada por Ayrıntı Yayınları, aborda, a través del duelo, la pérdida y la memoria, la cuestión de si recordar a una persona significa conservarla tal como era o reconstruirla a partir de los fragmentos de la memoria. En el centro están los huesos de Tahir Miraz, entregados a su padre en una caja de envío, y Ezo, que se entera de esta noticia como si fuera una nota al pie de un periódico. El contraste entre Tahir, que de niño daba de comer a las palomas en la terraza de la casa familiar y era el “hermano mayor” de Ezo y Sıla, y el Tahir convertido años después en huesos constituye la base de la novela. La muerte, en lugar de poner fin a la historia de Tahir, inicia el proceso de Ezo de enfrentarse al pasado y al vacío que él dejó.
Ezo intenta esculpir la estatua de Tahir con la herencia de la talla en piedra que recibió de su madre armenia; sin embargo, no consigue encontrar el rostro que busca. Las personas que conoce y su maleta durante el viaje de Galata a Van ponen de manifiesto el peso del pasado y la naturaleza fragmentaria y poco fiable de la memoria. La identidad de Tahir se construye, además de a través de Ezo, mediante los relatos de Sıla, Evdal, Melis y Faruk: se extiende desde un joven compasivo hasta un hombre que se incorpora a la lucha política, sube a las montañas y cuyo cadáver es encontrado en la costa del Marmara. La novela mantiene estas contradicciones juntas; no absuelve a Tahir ni lo rechaza mediante un único juicio.
Por qué es importante
El eje central de la novela reside en mostrar que, tras una muerte, la verdad no puede quedar en manos de un único narrador ni de una definición inequívoca de la identidad. Las huellas de Tahir que permanecen en distintas personas plantean cómo se entrecruzan la memoria familiar y el pasado político, y por qué es necesario preservar las contradicciones al intentar comprender a una persona. La búsqueda de Ezo, emprendida a través de su legado de talla de piedra, revela que recordar no es solo un proceso mental, sino también corporal y cultural. Por ello, la novela interpela tanto a quienes han sufrido una pérdida como a todos aquellos que construyen el pasado a partir de relatos familiares, testimonios e información incompleta; la pregunta que queda abierta es qué partes reflejan la verdad y cuáles responden a la necesidad de quienes quedan atrás al reconstruir a alguien.