El sensor MODIS (Moderate Resolution Imaging Spectroradiometer) del satélite Aqua de NASA captó densas columnas de humo gris que se elevaban de numerosos incendios en la isla de Borneo el 1 de septiembre de 2026. Los puntos rojos del mapa muestran los píxeles en los que el sensor y el algoritmo detectaron anomalías térmicas indicativas de incendios; un solo incendio puede generar múltiples detecciones. La mayoría de los incendios se observan en el sur de la isla.
Los incendios tropicales de turba, que avanzan por suelos de humedales secos, arden a bajas temperaturas, a menudo bajo tierra y a lo largo de extensos depósitos de turba. Por ello, avanzan lentamente, son difíciles de extinguir y producen una contaminación intensa. Según una estimación, los incendios de turba liberan tres veces más material particulado fino, cinco veces más dióxido de azufre, tres veces más carbono orgánico y el doble de metano y monóxido de carbono que otros incendios forestales tropicales.
En Indonesia, que alberga aproximadamente el 36 % de las turberas tropicales del mundo, estos incendios son un problema recurrente. Durante los períodos de sequía, los incendios pueden provocar capas de humo que duran semanas. Según NOAA, el fenómeno de El Niño, vigente y en fortalecimiento en agosto, está reduciendo las precipitaciones junto con la fase positiva del Dipolo del Océano Índico.
Robert Field, investigador de la Universidad de Columbia, afirmó que la actividad de los incendios está aumentando rápidamente, de forma similar a 2015. En 2015, los incendios habían emitido 1.75 mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero equivalentes; para el 2 de septiembre, los incendios de 2026 habían alcanzado aproximadamente el 10 % de esa cifra.
Por qué es importante
Este desarrollo demuestra que los incendios no se limitan a las llamas visibles en la superficie; la combustión de la turba que avanza bajo tierra dificulta las labores de extinción y provoca una intensa emisión de contaminantes. Esta característica explica por qué el humo puede persistir durante largos periodos y extenderse sobre amplias zonas, al tiempo que aumenta la presión sobre la calidad del aire. Las condiciones climáticas asociadas con la disminución de las precipitaciones ofrecen un marco fundamental para comprender la recurrencia de los incendios durante los periodos secos y las capas de humo que duran semanas. La comparación con 2015 revela, por su parte, que el asunto no se limita a un incendio local y que también debe vigilarse en términos de emisiones de gases de efecto invernadero. Por ello, los datos satelitales permiten evaluar conjuntamente la sequía, la contaminación y las emisiones, más allá de identificar los puntos de incendio.