Nabi Kırmızı señaló que el ejército selyúcida, bajo el mando de Sultan Alparslan, derrotó el 26 de agosto de 1071 en Malazgirt a las fuerzas bizantinas numéricamente superiores y abrió las puertas de Anadolu a los turcos. Indicó que, además de las fuerzas selyúcidas y los turcomanos, en el ejército también había soldados vinculados a emiratos musulmanes y elementos kurdos. Afirmó que los Mervânîler, con centro en Diyarbakır y Silvan, y los Şeddâdîler establecieron relaciones políticas y militares con los selyúcidas, y que las fuentes registran la participación en la guerra de aproximadamente 10 mil personas procedentes de la región de los Mervânîler.
Kırmızı sostuvo que las alianzas del siglo 11 deben evaluarse no desde la concepción actual del nacionalismo, sino en el marco de la soberanía, la lealtad, las amenazas comunes y los intereses políticos. Recordó que, aproximadamente un siglo después, el kurdo Selahaddin Eyyûbî ascendió en el entorno de los Zengîler, dominado por los turcos, y que las fuerzas a las que se unieron diferentes comunidades derrotaron al ejército cruzado en Hıttin y tomaron Jerusalén.
El autor señaló que la historia de lucha común de turcos y kurdos no debe convertirse en una reivindicación de superioridad, y evaluó la Ley Marco desde la perspectiva de poner fin al terrorismo, fortalecer la paz social y consolidar un futuro común.
Por qué es importante
El texto traslada el relato de la alianza histórica al debate actual sobre la Ley Marco y muestra cómo se utiliza el pasado en las búsquedas contemporáneas de consenso social. Este marco destaca ejemplos de cooperación política y militar frente al enfoque que interpreta las relaciones turco-kurdas únicamente a través del conflicto, pero también advierte que las alianzas del siglo 11 no pueden explicarse mediante categorías identitarias modernas. De este modo, el debate sobre la ley se vincula no solo con los temas de la seguridad y el fin del terrorismo, sino también con el discurso sobre el pasado común y la paz social. No obstante, los detalles históricos transmitidos sin citar fuentes y que podrían ser controvertidos dejan abierta la cuestión de hasta qué punto el vínculo político establecido se basa en pruebas sólidas. Por ello, es necesario mantener la distinción entre la opinión y la información histórica verificada.