Aunque los vehículos eléctricos parezcan no tener daños visibles desde el exterior después de un accidente o sigan funcionando, pueden presentar daños ocultos en el sistema de alta tensión y la batería. Estos daños pueden generar riesgos eléctricos, químicos y de incendio.
En las celdas de la batería puede producirse una fuga térmica después de un accidente; el incendio puede comenzar horas, e incluso días, más tarde. Por ello, el vehículo no debe ponerse en marcha después de un accidente; hay que apagarlo, alejarse hasta una distancia segura y solicitar la ayuda de especialistas. Si se perciben ruidos extraños, un olor intenso, humo, una temperatura excesiva o una fuga, hay que alejarse del vehículo y llamar a los servicios de emergencia.
Por qué es importante
Estas advertencias muestran que, en los vehículos eléctricos, la seguridad tras un accidente no puede evaluarse únicamente por el aspecto exterior del vehículo o por si funciona o no. El asunto afecta especialmente a los conductores implicados en accidentes, a las personas que se encuentran alrededor del vehículo y a los especialistas que intervendrán, ya que los problemas del sistema de alta tensión y la batería pueden no ser detectables desde el exterior. El hecho de que el riesgo de incendio pueda aparecer con retraso hace más compleja la decisión de alejar el vehículo del lugar del incidente por sus propios medios o volver a utilizarlo. Aunque el texto señala qué dirección seguir cuando se observan los signos indicados, deja abierta la cuestión de cómo y quién evaluará los daños en los vehículos que no presentan ningún signo visible.