Las calles de Túnez vuelven a hablar, y la pregunta de si regresa la ira de 2011 vuelve a la actualidad con la marcha celebrada el sábado 17 de octubre en la avenida Habib Burguiba de la capital. Miles de personas caminaron por allí. Los participantes expresaron demandas de trabajo y libertad frente al presidente Kais Saied, mientras volvían a escucharse las consignas de los días que condujeron a la caída de Zine el Abidine Ben Ali en 2011. Las dificultades para llegar a fin de mes ocuparon un lugar destacado. La reducción del espacio de expresión fue el otro tema del debate. En el cortejo, sindicalistas y abogados caminaron hombro con hombro. Periodistas y jóvenes desempleados también estuvieron presentes.
El movimiento popular que comenzó en el país con la inmolación de Mohamed Bouazizi el 17 de diciembre de 2010 concluyó con la salida de Ben Ali del país el 14 de enero de 2011. El movimiento popular llegó a su fin. En los años siguientes se celebraron elecciones pluralistas y se adoptó una nueva constitución. El desempleo y la desigualdad regional no se resolvieron. La confianza en las instituciones democráticas también se erosionó.
Saied, quien ascendió en 2019 como un jurista distante de los partidos tradicionales, suspendió el 25 de julio de 2021 las actividades del parlamento y concentró los poderes en la presidencia. Los poderes quedaron concentrados en la presidencia. Sus partidarios lo consideraron un paso para reparar un gobierno paralizado, mientras que sus opositores calificaron la misma medida de injerencia en la independencia de las instituciones.
Saied obtuvo el 90,69 % de los votos en las elecciones presidenciales de 2024, pero la participación se quedó en el 28,8 %. El gobierno sostiene que aplica la ley. En el país se debaten los juicios contra periodistas y la detención de políticos opositores, mientras que las organizaciones de derechos señalan que las voces críticas quedan bajo presión. Los salarios están estancados. En el plano económico, en cambio, los gastos en alimentación aumentan cada mes.
Por qué es importante
La marcha del 17 de octubre cobra sentido cuando se lee junto con el cuadro electoral de 2024: frente al 90,69 % de los votos de Saied, la participación del 28,8 % hace visible el abismo entre el apoyo oficial y la legitimidad social, y muestra que la oposición se ha trasladado fuera de las urnas y vuelve a organizarse en la calle. La coincidencia de sindicalistas, abogados, periodistas y jóvenes desempleados en la misma columna apunta a que se está formando un amplio frente en torno al desempleo y la desigualdad regional, sin resolver desde 2011. La aparición de una participación de esta magnitud en un entorno en el que continúan los juicios contra periodistas y las detenciones de opositores pone también a prueba hasta qué punto el clima represivo logra frenar la movilización social. El acontecimiento deja abierta la pregunta de si la presión de la calle forzará al gobierno a un cambio de política en Túnez, donde las dificultades para llegar a fin de mes y el estrechamiento del espacio de expresión se entrelazan.