¿Fraude de ley o aprovechamiento político? El paso al AK Parti de figuras elegidas como alcaldes con los votos de los electores de partidos de la oposición, en especial de los votantes del CHP, trae a la agenda el concepto de “aprovechamiento político”. La voluntad también está en discusión. En este panorama se subraya que lo explotado no es únicamente la confianza del elector, sino directamente la voluntad política: mientras los votos permanecen legalmente en su lugar, su significado político cambia de manos.
Aunque para el AK Parti los nuevos municipios parecen una ganancia en forma de una red de administración local en expansión y una influencia institucional creciente, se subraya que el poder político y la legitimidad democrática no siempre avanzan en la misma dirección. El argumento aviva el debate. Que los alcaldes que cambian de partido justifiquen su paso con el “poder producir más servicios” alimenta la percepción de que la clave del acceso a los servicios públicos no es la preferencia del elector, sino la cercanía al poder. Esta percepción se fortalece. Aunque este discurso no prueba que los recursos se distribuyan según la afiliación política, se señala que la injusticia percibida puede producir resultados tan poderosos como la injusticia demostrada.
Cuando la confianza del ciudadano en la imparcialidad del Estado se erosiona, la ganancia a corto plazo y la legitimidad institucional a largo plazo entran claramente en contradicción mutua a largo plazo. La contradicción se hace evidente aquí. Si entre los electores se fortalece la idea de que la identidad política de la administración elegida con su voto puede cambiarse al margen de su propia voluntad, se afirma que lo que se pierde es el sentido básico de justicia y la confianza democrática, y que la factura puede cobrarse con urnas que quedan vacías, votos de protesta que se desplazan hacia partidos pequeños y afiliaciones partidistas que se disuelven.
Por qué es importante
El peso de este debate no reside en la conformidad con la ley de los cambios de partido, sino en que los resultados electorales lleguen a ser de facto modificables entre dos comicios. La parte directamente afectada es el elector que dio su voto a una identidad política determinada y que ve cómo la identidad del municipio cuya administración eligió cambia al margen de su propia voluntad. A un nivel más amplio, la cuestión se apoya en la pregunta de si la sintonía con el poder central se ha convertido o no en un criterio de facto para el acceso a los servicios locales; no hace falta demostrar esta cuestión, la percepción misma basta para moldear el comportamiento. Por eso, la cuestión no se limita al mapa municipal actual