Según la investigación de septiembre de BES-AR, el gasto mensual en alimentos necesario para que una familia de funcionarios de cuatro miembros mantenga una alimentación saludable y equilibrada alcanzó las 49 mil 655 liras. El umbral de pobreza, que también incluye necesidades básicas como ropa, vivienda, alquiler, facturas, combustible, transporte, educación y salud, se situó en 124 mil 339 liras. El informe señaló que el coste diario de una alimentación saludable superó las 1.655 liras. También indicó que el salario mínimo, de 28 mil 75 liras en 2026, quedó por debajo del umbral del hambre y que quienes perciben el salario mínimo reciben un sueldo un 76,86 % inferior. Asimismo, constató que los trabajadores del sector público de las grandes ciudades destinan aproximadamente entre el 75-80 % de sus salarios al alquiler y que, debido a los costes de la vivienda, se ven obligados a convivir en grupos de 3 o 5 personas.
Por qué es importante
Los datos muestran que la insuficiencia de ingresos no se limita únicamente al acceso a los alimentos y que, al considerar conjuntamente los gastos de vivienda, transporte, educación y salud, existe un amplio déficit en el presupuesto destinado a las necesidades básicas de las familias de funcionarios y de quienes perciben el salario mínimo. En las grandes ciudades, mientras el hecho de que gran parte del salario se destine al alquiler reduce las posibilidades de los trabajadores del sector público de vivir solos, la convivencia de tres o cinco personas pone de manifiesto el impacto de esta presión en la vida cotidiana. No obstante, la comparación entre el coste de los alimentos de una familia de cuatro miembros y el salario mínimo recuerda que el tamaño del hogar y la estructura de ingresos son determinantes para interpretar los resultados. La afirmación del informe de que el salario mínimo es un 76,86 % inferior no coincide matemáticamente con las cantidades indicadas, por lo que no debería utilizarse sin ser verificada. Por este motivo, aunque la investigación ofrece un indicador de la presión sobre el coste de vida, dicha proporción deja abierta una clara cuestión metodológica.