John McEnroe afirmó que los tenistas deberían boicotear uno o dos torneos para obtener una mayor parte de los ingresos de los Grand Slam. Los jugadores aspiran a recibir el 22% de los ingresos de los torneos para 2030. Estrellas como Jannik Sinner y Aryna Sabalenka limitaron el tiempo que dedicaron a los medios en Roland Garros y Wimbledon como forma de protesta.
En declaraciones realizadas en la Laver Cup de Londres, McEnroe señaló que los jugadores deberían ser partes interesadas en los grandes torneos y criticó la proporción actual de los ingresos que reciben. McEnroe reconoció que Wimbledon, el US Open, el Abierto de Australia y Roland Garros son eventos exitosos, pero afirmó que los jugadores también deberían participar de ese éxito.
McEnroe también defendió que en los Grand Slam se aplique un match tie-break en lugar del 5.º set para evitar los partidos largos y los programas que se prolongan hasta altas horas de la noche. McEnroe dijo que algunos de los partidos que comentó superaron las 5 horas y afirmó que no quería que los jugadores siguieran en la pista de madrugada después del encuentro entre Ben Shelton y Carlos Alcaraz, que terminó a las 03.33.
Por qué es importante
Esta disputa muestra que los tenistas no solo están en el centro de la agenda por su rendimiento en la pista, sino también por su posición dentro de la estructura económica y de gestión de los torneos. El deseo de los jugadores de tener una voz más influyente en el reparto de los ingresos afecta directamente al equilibrio de las negociaciones entre los organizadores de los Grand Slam y los deportistas; la opción del boicot, por su parte, traslada esta tensión de las declaraciones individuales al debate sobre una acción conjunta. La limitación de las obligaciones mediáticas por parte de Sinner y Sabalenka pone de manifiesto que la protesta se ha extendido a distintos ámbitos de la experiencia de los jugadores en los torneos. La propuesta del match tie-break también abre el debate, independientemente de la cuestión de los ingresos, sobre el impacto de los partidos largos en la salud de los jugadores, el desarrollo de las retransmisiones y la experiencia de los espectadores. La pregunta que queda abierta es si los jugadores podrán adoptar una postura común y cómo responderán los torneos a estas demandas.