Han pasado 5 días desde las históricas primeras elecciones parlamentarias del 14 de septiembre en la Región Autónoma de Bangsamoro (BARMM). Las elecciones, celebradas tras décadas de conflictos, abrieron una nueva etapa para que la región forme su propio parlamento. Sin embargo, la presencia de personal militar, vehículos y helicópteros en Cotabato City mostró que los problemas de paz y seguridad persisten. Antes de las elecciones se desplegaron aproximadamente 21 mil soldados y policías; AFP utilizó tanques ligeros Sabrah, sistemas de artillería ATMOS de 155 mm, vehículos blindados de transporte de personal y helicópteros Black Hawk y T129 ATAK. Se desplegaron unidades adicionales en Lanao del Sur y sus alrededores.
Mientras las amplias medidas de seguridad reavivaban recuerdos de la guerra, activistas y organizaciones de la sociedad civil advirtieron sobre el miedo. En el ataque del 13 de septiembre en Cotabato City murieron 3 personas y 15 resultaron heridas; en el incidente del 14 de septiembre murió 1 persona y 3 resultaron heridas. COMELEC informó de 4 muertes y 18 heridos en toda BARMM. ANFREL–NDI, por su parte, anunció al menos 5 muertes y más de 20 heridos en Cotabato City. Las operaciones de seguridad quedaron en gran medida completadas el 16 de septiembre.
Por qué es importante
El nuevo espacio que las elecciones han abierto en términos de autogobierno pone en primer plano la cuestión de hasta qué punto el proceso político civil en la región puede diferenciarse del aparato de seguridad. La intensa visibilidad militar y la violencia en torno al día de las elecciones indican que garantizar la seguridad de las urnas, por sí solo, no basta para disipar la percepción cotidiana de inseguridad. Las diferencias entre instituciones en las cifras de muertos y heridos ponen de manifiesto la necesidad de una evaluación más clara sobre el alcance de los incidentes y los métodos de registro. Las advertencias sobre el miedo expresadas por activistas y la sociedad civil también muestran que el nuevo Parlamento se enfrenta no solo a la cuestión de la representación, sino también a expectativas vinculadas a la memoria del conflicto y la seguridad pública.