Tras los cortes de electricidad de más de 24 horas y la escasez de agua en Cuba tras el bloqueo de combustible que Donald Trump inició en enero, se está acelerando la propagación de enfermedades virales. Las autoridades sanitarias advirtieron sobre varios virus, incluido un tipo de hepatitis viral, mientras que la Embajada de Estados Unidos informó de un “aumento significativo” de los casos de diarrea. Yuamilka Hechavarria, una trabajadora sanitaria que vive en La Habana, contó que se alojaba en un edificio con su hijo de 7 años, que el agua llegó a su vivienda después de dos meses y que los residentes enfermaron. Dijo que recurrían a vendedores ambulantes y tuberías rotas para conseguir agua, y que ella también sufrió fiebre y diarrea. Aproximadamente el 90 % del sistema de agua del país depende de bombas eléctricas; alrededor de 3,5 millones de personas sufren escasez de agua. Andres Jimenez, de 76 años, señaló que el acceso se había vuelto más difícil. La enfermera Maria Elena Parlado dijo que garantizar la higiene se había vuelto más complicado en su clínica, donde no hay agua. Estados Unidos amplió las restricciones bancarias dirigidas a los viajes, las finanzas y el sector privado.
Por qué es importante
La crisis no solo está afectando la vida cotidiana, sino que también está poniendo a prueba las condiciones sanitarias básicas necesarias para prevenir y tratar enfermedades. Las interrupciones en la infraestructura de agua, que depende de la electricidad, además de generar problemas de acceso en los hogares, dificultan las labores de limpieza e higiene en las clínicas y aumentan la carga de trabajo del personal sanitario. El aumento de los casos de diarrea y de los síntomas de enfermedades virales plantea la cuestión de cómo se distribuye el riesgo, especialmente entre los niños, las personas mayores y quienes ya tienen un acceso limitado a los servicios de salud. La ampliación por parte de Estados Unidos de las restricciones bancarias dirigidas a los viajes, las finanzas y el sector privado también aumenta la incertidumbre sobre cómo se mantendrán los servicios de agua y salud en las condiciones actuales; sin embargo, el texto no explica el impacto de estas medidas en los resultados sanitarios sobre el terreno.