A pesar de que han pasado quince años desde el derrocamiento del régimen de Muammer Kaddafi en 2011, el misterio sobre la desaparición en Libia, el 31 de agosto de 1978, del imán Musa es-Sadr, presidente del Consejo Supremo Islámico Chií del Líbano, sigue sin resolverse. Tampoco se ha encontrado rastro del jeque Muhammed Yakup ni del periodista Abbas Bedreddin, que acompañaban a Sadr; las autoridades libanesas no han dado a conocer los resultados de sus contactos con las fuerzas que gobernaron Libia después de 2011.
Abdulmunim el-Huni, quien durante la época de Kaddafi fue miembro del Consejo Revolucionario y ocupó los cargos de jefe de los servicios de inteligencia y ministro del Interior y de Asuntos Exteriores, declaró que estaba convencido de que Sadr había sido eliminado. Huni señaló que, según habían contado familiares, Necmeddin el-Yazıcı, piloto de Kaddafi, teniente coronel y cuñado suyo, fue asesinado poco después por haber trasladado el cadáver de Sadr a Sebha.
Abdussalam Callud, el número dos del régimen de Kaddafi, relató que en 1979 el imán Jomeini pidió explicaciones sobre Sadr y que en Teherán fue dispersada una manifestación de 37 personas encabezada por la hermana y la esposa de Sadr. Callud afirmó que el asunto no obstaculizó las relaciones y que en la década de 1980 suministraron misiles y armas a Irán; declaró que desconocía la visita de Sadr y que consideraba vil lo ocurrido. Callud contó que, cuando planteó el asunto a Kaddafi, este le dijo: «¿Me estás acusando a mí?».
Por qué es importante
Estos testimonios vuelven a dirigir las preguntas que durante mucho tiempo han quedado sin respuesta en el caso del imán Musa es-Sadr hacia el aparato de toma de decisiones de la Libia de la época de Kaddafi. Aunque el hecho de que los testigos ocuparan altos cargos en el régimen aumenta el peso histórico de sus relatos, esta posición no demuestra por sí sola las acusaciones. Lo relatado por el-Huni se basa en los testimonios de familiares, mientras que la declaración de Callud se limita a la reunión que mantuvo con Kaddafi; no existe una verificación independiente ni una conclusión oficial hecha pública. Por ello, estos relatos no constituyen una conclusión definitiva sobre el esclarecimiento de la desaparición, sino acusaciones que las autoridades libanesas y libias deben investigar. El caso sigue abierto para las familias y la opinión pública también en lo que respecta al destino de las dos personas que desaparecieron junto con es-Sadr y a las razones por las que los contactos mantenidos después de 2011 no dieron resultado.